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lunes, 3 de octubre de 2011

Recuerdos por departamentos


Cada vez que el pensamiento me lleva al departamento de recuerdos, Edgar está allí.

Y la bolsa del mercado se llena de experiencias de toda índole; desde aquellos días en que la vida insistía para que al menos nos conociéramos y yo me resistía, hasta estos en los que sencillamente encontrarle en la calle, me hacen agradecer nuestros primeros ratos de reconocimiento.

Edgar viene en diferentes presentaciones, listo para acompañarte en esos momentos en que la risa es necesaria y deseada o cuando una inevitable lágrima es capaz de desbordar un río.

En dosis unitarias, cuando una cápsula es suficiente para encontrar la respuesta del momento, un chistecito corto e inteligente para recuperar la sonrisa, un abrazo sin palabras para descubrirnos de nuevo en otra oportunidad.

O en presentaciones más complejas, para tratamientos prolongados, para encuentros profundos y densos, subrayados de aroma, redondos en la palabra como un buen vino o el café de la tarde.

Inventor, ilusionista, cuenta cuentos, creador y creativo; así lo conozco, así lo reconozco. Creo que hemos encontrado oportunidades hasta en los desencuentros.

Nos buscamos y luego desaparecemos, pero siempre regresamos para toparnos de nuevo en ese lugar común que es decir “parece como si apenas acabáramos de despedirnos”.

Soy agradecida y me privilegia su amistad y estos recuerdos de pasado, que en parte conforman lo que hoy soy y estos recuerdos de presente para construir lo que nos corresponda. En estos tiempos de escasez de tantas cosas, Edgar siempre ha sido abundante.

Cada vez que la memoria me lleva al departamento de presente, Edgar está allí.

PD. Edgar dejo esto aqui para ti, por si pasaras algún día

jueves, 30 de octubre de 2008

Ayer y ahora

Es increíble cómo nos marcan experiencias aparentemente insignificantes; cómo eventos actuales o situaciones especificas, asoman actitudes que se desprenden de esos días primeros cuando empezábamos a enfrentarnos con este mundo extraordinariamente feliz e infinito.

Recuerdo de pequeña, en el apartamento donde vivíamos en La Paz y luego en el de Vista Alegre, en la bella Caracas por supuesto, que mi madre nos decía a mis hermanos y a mi, que no se llamaba a la casa de los otras personas después de las nueve de la noche, ni se tocaba el timbre de la puerta de un vecino si no íbamos de visita o a llevarle alguna información (excepto por una taza de azúcar pensábamos); que no preguntáramos por comida cuando estuviéramos de visita en casa ajena (así nos decía), pero que si era imposible rechazar el ofrecimiento, nos teníamos que comer lo que estuviera en los platos y en muchas ocasiones esta ultima situación nos mostró mucho de lo que apreciamos de nuestra cocina nacional y de otras latitudes. Con otros asuntos culinarios no pudimos en aquella época. Por cierto, el timbre de los vecinos no sonaba después de hora, pues dormíamos; pero si hacíamos travesuras mas temprano tocándolo repetidas veces para de inmediato salir corriendo, con la ilusión de no ser descubiertos. Pero, y quién no hizo esto alguna vez?

A lo que verdaderamente quiero referirme es al “después de las nueve y el timbre del vecino”. Esto podía considerarse algo así como un pecado. Todavía hoy cuando escucho el timbre del teléfono después de esa hora, pero ahora en mi casa, recuerdo alguna mirada de mi madre como preguntando “bueno, y aquí no estaba claro que no hay llamadas después de las nueve?” o será una emergencia?.

Al momento de escribir estas líneas, ya el reloj pisa la 1:00 AM y hoy tenemos un aliño adicional que en aquella época no existía: INTERNET (por cierto a esta hora ya estaríamos dormidos; mañana tendríamos clases, yo en mi colegio de las monjas y mis hermanos en el colegio al cual yo decía que quería asistir; luego entendí que no era así). El tema es que Internet nos habría permitido las llamadas después de las nueve sin repique y tocar el timbre a cualquier hora, solo para ser descubiertos cuando los vecinos, quienes luego serian nuestros amigos, visitaran sus correos y descubrieran que allí estuvimos sin que ellos se dieran cuenta. La sorpresa muchas veces es que también hay otros trasnochados y la puerta, virtual esta vez, se abre de inmediato con un saludo de vuelta.

Quise visitarte esta noche, sin perturbar pero presente. Y este recuerdo vino a mi mente, como ayer y hoy y lo escribí primero en mi mente, camino a casa. Y toqué al timbre de tu puerta, solo que no me fui. En palabras y recuerdos me quedé y los dejé bajo la puerta para mañana, al despertar o para mas tarde. Feliz noche y feliz día, pero sobre todo feliz vida, que a final de cuentas es la misión. Un café y su aroma me acompañan a escribir.




El café debe ser negro como el infierno, fuerte como la muerte y dulce como el amor. Proverbio turco.

martes, 27 de noviembre de 2007

Desayuno con Uribe

Ayer en Venezuela desayunamos con Uribe. Si con Álvaro, el Presidente de la República de Colombia, sin adjetivos de alguna otra innecesaria índole.

Y el desayuno fue continental, no por los panecillos, la mermelada, el jugo de naranja y café (este último si estuvo en el desayuno y tenía un sabor diferente, ni mejor, ni peor, solo diferente), sino porque sus palabras, respetuosas, elegantes pero sobre todo contundentes, aun recorren cada uno de los caminos que enlazan nuestro pensamiento con nuestros corazones, nuestra casa con la del vecino, con el vecindario, con la comunidad, con la ciudad, con el país, con la fronteras, todas esas líneas invisibles que nos separan y nos unen, de norte a sur, de este a oeste.

Allí estuvimos, negros y rubios, amarillos, morenos, indios, el multicolor que nos caracteriza, escuchando sobre dignidad y dignificándonos como ciudadanos, recordando que tenemos un rol importante que desempeñar en los próximos días, pero sobretodo en los siguientes, pues no estamos acostumbrados a la reconstrucción consciente. Otros se han encargado de restablecer "el orden y la paz" y luego nosotros, en rol pasivo, nos hemos dedicado a criticar o sencillamente a observar desde nuestros balcones como la vida pasa al frente de nuestras narices, sin siquiera presentir el aroma de sus consecuencias.

No importa en que geografía este nuestro cuerpo o nuestra mente, lo que está ocurriendo nos toca, el tiempo no es infinito, pero lo tenemos. Recuperemos en principio la voluntad de orientar nuestra decisión hacia el ejercicio autónomo de construir un destino colectivo que nos pertenezca; que de verdad sea nuestro, de todos. El proceso está herido, lo suficiente para que la consciencia del pueblo nos regrese a un camino de construir juntos.

martes, 20 de noviembre de 2007

¿Café sin leche?

Opiniones encontradas con respecto al consumo de leche de vaca podemos encontrar todas; en fuentes confiables o no, en tratados de nutrición, libros, folletos, en internet. Por todos lados nos apabullan con información a favor o en contra del consumo de leche y sus derivados, ya uno no sabe si es la mala o la buena leche, si son los productores de frutas y vegetales los que están interesados en acabar con el mercado de lácteos; en fin.

Pero mas allá de si es buena o mala, lo que me ocupa con la leche y su progresiva desaparición (así como de sus productores y procesadores), es el asalto al lenguaje que sufrirá nuestra cultura de consumo de café en Venezuela (que para algunos también es mala.... que tiempos aquellos en que andábamos por allí desinformados o desorientados, y felices) y la riqueza que ha aportado a la manera tan deliciosa de comunicarnos cuando pedimos y compartimos, por ejemplo, un cafecito.

Y es que la leche ha jugado un papel importante en el proceso creativo, infinito por cierto, que hemos tenido los venezolanos para construir un lenguaje propio alrededor, entre otras cosas, del café y en este particular tema, esta riqueza del lenguaje, aun cuando la RAE todavía no acepte o quizá no haya recogido todo nuestro repertorio, pienso que es igualada por ningún país. Casi tan sabroso como el café es la manera que tenemos los venezolanos de pedirlo, no importa si estamos recién levantados, bajos de cafeína, estudiando para el difícil examen del día siguiente, enratonados o amanecidos, camino al trabajo, en una panadería, en el kiosco de la esquina, en el mercado, en una cola o en el lugar mas exclusivo. Tomamos café todos los días, a cada rato y casi en cualquier sitio. Pero debo regresar al abanico de opciones que hemos creado para consumirlo y disfrutarlo.

No se cómo, pero basta pararse, por ejemplo, en la barra de una panadería cualquiera del país para escuchar cosas como estas: Epale dame un negrito!, un guayoyito chamo, guarapo, marrón corto, marrón largo, negro corto, expreso, un conlechito ahí, un tetero ahí rapidito que voy a llegar tarde, quiero un negrito corto con un chorrito de leche bien caliente, capuchino, marrón clarito con leche fría, marrón oscuro, un negrito pero no tan fuerte, dame un café pa ver si me despierto- estoy amanecido (y de paso nos enteramos de su intensa noche de rumba)........ Y lo mejor todo esto, lo pedimos simultáneamente a la misma persona, quien impecablemente nos entrega la orden exactamente de la manera como la esperábamos para empezar o continuar el día.

Seguramente, ante la desaparición de este líquido tan preciado, primero entraremos en la etapa de desconcierto, la queja, la crítica infinita e incisiva, la chanza y finalmente acostumbrados a su ausencia, construiremos un nuevo lenguaje, pero esta vez alrededor del café, siempre sabroso, pero sin leche.

Espero, en todos, que la ausencia y las desapariciones no se nos conviertan en costumbre.

jueves, 15 de noviembre de 2007

No han transcurrido diez años

No han transcurrido diez; apenas 6 años atrás o poco menos nos reunimos.

De sus manos recibí cuatro obsequios, que su hermano, por su intermedio, me envío.

El primero, una lámpara, que azul como el cielo, recibe en casa a quienes amablemente nos honran con su presencia.

Luego, un juego de envases de vidrio marron con sus tapas negras impecables.

Siempre los vi sobre una ventana en el apartamento de mi amigo Jesús y me recordaban esa parte de la infancia cuando visitábamos a "mi Tía Mila" (QEPD). Su esposo era el boticario de Piritu en el estado Portuguesa. Solo a 15 minutos de otro pueblo donde mi padre era el medico, también en el estado Portuguesa.

Me encantaba entrar a la parte posterior de la botica, donde preparaba las fórmulas mágicas que devolverian la salud a los piritenses o piriteños. Había muchos morteros de porcelana o de mármol, no recuerdo; largos y altísimos mesones para trabajar (al principio de mis furtivas visitas solo alcanzaba verlos por debajo), pero sobre todo muchos de estos frascos de diferentes tamaños, donde guardaba los elementos para sus pócimas y la alquimia. Sospecho que hoy las llamaría algo así como Fórmulas Magistrales.

Mi tío, siempre aparecía en la mitad de mi aventura, con su voz fuerte, que para mi en esa época era el grito de un gigante ogro, para lograr de inmediato el desalojo de su templo, profanado por mi curiosidad y mis sueños.

Estos recipientes, hoy albergan en casa toda una suerte de otra alquimia y llenos de aromas convierten mis locuras culinarias en emociones.... cuando acierto (y cuando no acierto también. Quién dijo que las emociones son solo placenteras??)

El tercer obsequio, fue una valiosa colección de collages que Jesús, imagino que en sus ratos de soledad y creación, convirtió en historias que hablan de él. Me lo recuerdan mucho. No quiero olvidarle.

Por ultimo, y quizá lo mas preciado de este legado; me contactó con Oscar quien además de ser su hermano, es Oscar. Ya le había reconocido en su cumpleaños, un 30 de diciembre, algún tiempo atrás. Nacieron en la misma fecha. Había un hermoso árbol decorado con pura Navidad en la mitad de la sala, que era cocina, y comedor y sitio de encontrarnos.

Pocas horas antes de regresar a Colombia, donde hoy reside con la deliciosa María Eugenia y el maravilloso hijo de su vida, compartimos un café en el Hatillo y en nuestra conversación, de tantas cosas, apareció este proyecto o mas bien la expresión que da nombre a este espacio.

Quizá la suma de toda esta historia, me permita completar los años necesarios para explicar el título que da inicio a este blog y que lo tome de un texto que encontré en uno mis viajes por internet buscando algo que me permitiera iniciar este lugar de encuentro: "Guión para una copa o un café diez años después". Una razón para tomarnos un Café..... con Propósito.

Por cierto gracias a Crapúscula por su espacio A Propósito. No le conozco, pero de su blog tome prestado este Guión que me pareció particularmente parecido al encuentro después de transcurridos diez años. Les copio el link: http://peroacuerdate.blogspot.com/2007/04/guin-para-una-copa-o-un-caf-diez-aos.html Vale la pena