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miércoles, 29 de octubre de 2014

Un superheroe en Turen



Cuento las gotas en el piso
Camino sobre ellas

Y ellas sobre mí.

El recolector de aguas perfila el techo y termina en un agujero, justo en la mitad. Allí tres cadenas impiden que la lluvia se convierta en uno de esos chorros que hacían de regadera en Turen y a veces en Piritu.

Mamá nos refería que al abuelo le encantaba bañarse con el agua de lluvia y especialmente en esos chorros que caían desde el techo de su casa. En Turen hace mucho calor aún en época de inviernos.

En alguna de esas "duchas" del abuelo, el delicioso chorro se convirtió en una serpiente que de inmediato se enrolló en su cuello.

Mi abuelo, con una de sus colosales manos, logró agarrarla por la cabeza tratando que aflojara y mientras más la apretaba, la culebra, que en mí imaginación era inmensa, más se enrollaba en el cuello de mí abuelo.

Aquello fue un duelo a muerte del que Don Segundo salió victorioso. Si hubiera un superhéroe del llano, ese habría sido mi abuelo.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Con ache

Esto no lo viví, me lo contaron y me gusta creerlo.


Resulta que Don Segundo, mi abuelo, tenía la gracia de congregar al pueblo con las historias de sus viajes hasta la lejana Valencia o a la capital, de donde regresaba siempre con cortes, golosinas, quesos, libros e historias del camino, entre otras cosas. 

En el pueblo vivía un señor cuyo nombre era Hermenegildo, debo suponer ya fallecido y seguramente enterrado en el cementerio de Turen. A Hermenegildo todos le llamaban Meregildo.

Una noche de esas en las que luego de alguno de sus viajes, él entretenía a sus fanáticos, uno de ellos le dijo algo así como: 
- Don Segundo cuéntenos algo que le haiga acontecido en uno de sus viajes a la capital, y mi abuelo le corrige diciendo, no se dice haiga se dice haya.

La persona con cara de extrañeza le pregunta, Don Segundo y eso como se escribe? Mi abuelo, con su verbo inmediato y tan buen hablar, le respondió
- Hijo, haya se escribe con ache, con H de Meregildo.

Todo esto ocurría antes que el encargado de apagar las lámparas de querosén que hacían de faroles en la calle, pasara para decir que ya era hora de dormir.