Déjame un mensaje antes que cierre.
Lo llevaré colgado entre mis brazas
hasta que el viento como cenizas, nos eleve.
El friso que se cae, puede ser reparado. Nunca queda igual, sin embargo vale la pena, al menos, intentar la posibilidad que el producto final sea superior
La piel del mar y su azul que invitan a encallar.
Un barco hundido cuenta sus historias.
Los pescadores lanzan sus redes. Buscan los tesoros diarios, mientras el sol
colorea sus pieles para descubrir que todos venimos del mismo sitio, que todos
vamos al mismo lugar.
Caminan y juegan. Juegan y detienen su andar para contemplar, para
contemplarse.
Remojan sus cuerpos y con el mar como piel, salen del agua para sumergirse en
la arena.
Los cuerpos rebosados en la palidez de la playa, se cobijan. Apenas pueden
respirar y cierran los ojos, no necesarios ahora para reconocerse. Son dos
cuerpos ya sin género. El género es intrascendente cuando la arena los recubre.
El género ya no importa; ambos cuerpos, ahora fundidos, forman una sola pieza.
Los pescadores curiosos se acercan, los cuerpos dejaron de moverse.
Encallados en la arena de esta playa, serán ahora la nueva referencia desde
la que las redes, buscadoras de tesoros, se zambullirán en las costas de
Chichiriviche.
Digito una sola letra y siempre aparece tu nombre
Hay un nuevo cielo en cada pequeña distracción, en cada imperceptible parpadeo